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sábado, 12 de septiembre de 2009

- Mi primer contacto con Mr. Parkinson

Tengo 58 años. Me diagnosticaron Parkinson a principios de 2007, aunque había comenzado a notar un pequeño temblor en la mano derecha a finales de 2006. Después de la visita a distintos neurólogos, y de la incredulidad inicial, llegó el periodo de asumir la realidad y de buscar todo tipo de información sobre ese desconocido Mr. Parkinson que se coló en mi vida sin pedir permiso.

Visité cuantos profesionales me recomendaron. Primero en Tenerife, mi isla. Tanto por la vía privada, como por la Seguridad Social, el diagnóstico fue el mismo.

Decidí ampliar horizontes y acudir a profesionales privados de renombre fuera de Canarias. Así caí en la Teknon de Barcelona y di con la UNIDAD DE PARKINSON Y DE LOS MOVIMIENTOS ANORMALES, a cuyo frente se encuentra la eminente doctora Àngels Bayés Rusiñol.

Desde Canarias había contactado para fijar la fecha de la consulta y se me informó de que podía acudir a través de un determinado Seguro privado. Tras los pertinentes papeleos, reservas de avión y hotel, por fin me presento una buena mañana a las puertas de la Teknon de Barcelona.

Una vez localizada la Unidad de Parkinson contacté con una señorita muy amable que me presentó a parte del equipo: psicóloga, logopeda, etc., hasta que llegó el esperado momento de pasar a la consulta de la Dra. Bayés.

Escasamente 5 minutos duró la visita. La señora Bayés Rusiñol me informa de que con lo que cobraba de mi seguro privado no me podía dedicar más tiempo porque no le era rentable.

¡Manda huevos!, que diría el otro.

O sea, que viajo desde Tenerife, con todo lo que ello me supone, para encontrarme con la mentada situación.

Comunico a la gran especialista en Parkinson que si me acogí al seguro fue porque ellos mismos, al contactar, me lo sugirieron, pero que no tengo inconveniente alguno en pagar la consulta privada y ser centro de su atención médica, puesto que para eso era para lo que me había desplazado desde Tenerife a Barcelona.

Respuesta de la Dra. Bayés: –No es posible, puesto que las consultas están programadas y no puedo quitarle tiempo a otro paciente para dárselo a usted. Pida cita para otro día.

–Adiós, buenos días, encantado.

Eso fue todo.

Con el temblor de la mano y del pie derecho a la máxima potencia, con la boca seca y sensación de opresión en el pecho, me alejé de la Teknon, no sin antes mirar atrás. Para esto es para lo que había organizado un viaje de más de 4.000 kilómetros (ida y vuelta).

Nunca más volví a visitar a Àngels Bayés Rusiñol, pero leo que le va muy bien, que escribe libros, que tiene un equipo fantástico y que planifica unas actividades de la hostia -con perdón- para los parkinsonianos que se acercan a ella.

Sin comentarios.

CONTINUARÁ...